Cómo se gasta una cinta
Una cinta trabaja cada vez que sube o baja la persiana, y en muchas casas del centro lleva así muchísimos años. Primero pierde el color por el lado que mira a la ventana, luego se le abren hilos en los bordes y, al final, adelgaza justo en el punto donde roza con la entrada del cajón. El frío la vuelve rígida, y por eso tantas roturas llegan en invierno.
Si al tirar nota un tacto áspero o ve la cinta más estrecha en un tramo, no espere a que se parta. Cambiarla con la persiana arriba es un trabajo limpio; si se rompe con la persiana abajo, primero hay que alzar el paño a pulso y calzarlo, y la reparación se alarga.
El recogedor empotrado de las casas viejas
El recogedor es la cajita con muelle que tensa la cinta y la guarda enrollada. En los muros gruesos de las casas antiguas suele ir embutido, dentro de una caja metálica que con el tiempo se oxida, y con un frontal de medidas que ya no coinciden con las actuales. Cuando el muelle pierde fuerza, la cinta cuelga floja y la persiana sube a sacudidas.
Nuestra primera opción es un recogedor de embutir que entre en la misma cavidad, para no picar la pared ni tocar el alicatado. Si la caja está deshecha o no hay forma de acoplar un modelo actual, montamos uno de superficie atornillado al lado y cubrimos el hueco antiguo con una tapa.
Lo que hay entre el recogedor y el eje
Entre la pared y el cajón, la cinta pasa por una ranura y llega a la polea, la rueda que la enrolla en el extremo del eje. Una polea agrietada, una ranura con aristas o un pasacintas que se ha caído bastan para que una cinta recién puesta se deshilache mucho antes de tiempo.
Por eso, al cambiar la cinta, revisamos ese recorrido completo. Sustituimos la polea si está dañada, limamos o protegemos la ranura y colocamos un pasacintas donde la cinta toca la obra. Antes de irnos subimos y bajamos la persiana varias veces para comprobar que la cinta entra centrada y se enrolla plana.
Cintas de distintos anchos y la opción del motor
No todas las persianas llevan la misma cinta. Las hay estrechas, propias de persianas ligeras, y más anchas para paños pesados, y la polea y el recogedor están pensados para una medida concreta. Poner una cinta de otro ancho es buscar problemas: si sobra, roza en la ranura; si falta, se tuerce al enrollarse.
Cuando una persiana se come las cintas con frecuencia o pesa tanto que cuesta subirla, quizá lo razonable sea dejar de depender de ellas. Un motor tubular sustituye la cinta y la caja del recogedor por una tecla o un mando. Le explicamos las dos opciones con la ventana delante y sin empujarle a ninguna.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si la cinta se ha roto con la persiana subida?
No intente bajarla empujando las lamas. Déjela arriba, recoja el trozo de cinta que cuelga para que nadie tire de él y llámenos. Es la rotura de cinta más sencilla de resolver.
¿Pueden cambiar un recogedor empotrado sin hacer obra?
Casi siempre. O encontramos uno de embutir que entre en la cavidad, o colocamos uno de superficie al lado y tapamos el antiguo. En ninguno de los dos casos hace falta picar la pared.
¿Por qué se me rompe la cinta una y otra vez?
Suele haber una causa en el recorrido: una polea rota, una ranura que corta o un paño que roza en las guías y obliga a tirar más fuerte. Si solo se cambia la cinta, el problema vuelve; por eso revisamos todo el camino.
¿Atienden una cinta rota por la noche?
Sí, a cualquier hora. Si ha quedado arriba en pleno invierno o abajo en el único dormitorio con ventana a la calle, díganoslo al llamar y le explicamos cómo asegurarla hasta la visita.



