Primero, averiguar por qué se ha parado
Una persiana no se bloquea porque sí. Detrás suele haber una lama o una tablilla que ha salido de su sitio y roza en la guía, un tope que se ha desprendido, un rodamiento que ya no gira o una polea rajada que muerde la cinta. Cada causa deja su pista: el ruido al subir, el lado que se queda más bajo, la cinta que se nota floja en la mano.
Por eso empezamos mirando y escuchando antes de desmontar. Sujetamos el paño para quitarle peso, destapamos el cajón y revisamos una por una las piezas que trabajan dentro. Cuando tenemos la causa, le explicamos qué vamos a cambiar y por qué, y solo entonces nos ponemos con la reparación.
Persianas de madera en casas del casco antiguo
En el Raval y en las calles de alrededor todavía funcionan persianas enrollables de tablillas de madera. Son pesadas, se hinchan un poco con la humedad del invierno y se resecan con el sol del verano, de modo que con los años alguna tablilla se abre, se parte o pierde los enganches que la unen a la siguiente.
Cuando la madera aún está sana, sustituimos las tablillas dañadas, repasamos las uniones y ajustamos el paño para que baje recto. Si el conjunto está muy castigado, le contamos con franqueza qué opciones hay, desde renovar una parte del paño hasta pasarlo a PVC o aluminio, y usted elige.
Cajones de obra, ejes y guías torcidas
Muchas casas antiguas tienen el cajón construido en la propia obra, a veces sin tapa de registro o con la tapa cubierta de yeso y pintura. Dentro suelen esconderse ejes con holgura, soportes oxidados y rodamientos que chirrían. Abrimos con cuidado por el lado que menos daño haga y, si usted quiere, dejamos una tapa practicable para la próxima vez.
Las guías también sufren: un golpe o una mano de pintura mal dada basta para que el paño se enganche. Las enderezamos, retiramos restos de pintura y suciedad y, si están demasiado dañadas, montamos otras del mismo ancho. Revisamos además los topes, que son los que impiden que la persiana se cuele entera dentro del cajón.
Persianas alicantinas que ya no se recogen
La persiana alicantina, de listones unidos con cuerda o cadenilla, se enrolla hacia arriba tirando de un cordón y cuelga por fuera del balcón o de la ventana. Con el sol y el viento el cordón se deshilacha, los listones se sueltan y el rollo sube torcido o se queda a mitad de camino.
En estas persianas cambiamos el cordón, comprobamos las poleas y los ganchos de sujeción y reponemos los listones que falten o estén rotos. Es un trabajo pequeño que devuelve la sombra a fachadas muy expuestas, algo que se agradece en las calles estrechas del centro cuando aprieta el calor.
Preguntas frecuentes
¿Puedo seguir usando una persiana que baja torcida?
Mejor no. Con cada maniobra el lado bajo roza más en la guía y las lamas terminan doblándose. Déjela quieta en la posición más cómoda y llámenos: suele tratarse de un tope, una lama fuera de sitio o un soporte que ha cedido.
Oí un golpe y la persiana ha desaparecido dentro del cajón, ¿qué ha pasado?
Casi seguro se han roto o soltado los tirantes que sujetan la primera lama al eje, y el peso ha arrastrado el paño hacia dentro. No meta la mano ni tire desde abajo, porque es fácil partir lamas. Llámenos y la recuperamos con tirantes nuevos.
¿Arreglan persianas de madera muy antiguas?
Sí. Mientras la madera esté sana cambiamos tablillas, uniones, cinta y polea. Si el paño está podrido o partido en muchos puntos, le explicamos si compensa repararlo o si conviene sustituirlo por otro material.
¿Hay que romper la pared para abrir un cajón de obra?
Casi nunca hace falta romper. Buscamos el registro original aunque esté tapado y, si no existe, abrimos el hueco mínimo necesario. Al terminar lo dejamos cerrado y, si lo prefiere, con una tapa que se pueda abrir en el futuro.



